La nueva arquitectura del azúcar

Una "agroindustria diversificada". Este es el término que definiría la nueva arquitectura azucarera cubana. No constituye una premonición. Los propios ejecutivos del ramo se han encargado de anunciarla y defenderla. Y tendrá que ser así, si la caña quiere mantener el lugar que le corresponde.

El azucar es una de los principales productos de la economía cubana desde la época en que Cuba era colonia espa
ñola, y que se ha mantenido hasta nuestros días aunque ya en la economía cubana no sea tan importante como lo era antes ya que se han buscado otras alternativas a nivel mundial para obtener azucar, por ejemplo como el azucar de remolacha, por eso es que se estan buscando nuevas formas de aprovecharla.

Hace muchos años que el proyecto se preveía. Mas los resultados -aunque los hay- no han florecido a tuti plene. O al menos no se han revertido en su más clara y apabullante expresión: dinero contante, sonante... y abundante.

La caña aventaja a cualquier otra materia prima por su carácter renovable, y, más aún, sostenible. Con una de las mayores capacidades vegetativas de cuanta planta existe, ha demostrado su viabilidad como sostén de industrias alimenticias, químicas, farmacéuticas, biotecnológicas. En ella está la base de elixires tan reconfortantes como el PPG.

Los expertos dicen más: hasta en condiciones no óptimas de producción, es capaz de generar alrededor de 20 kilowatt de energía eléctrica por tonelada de bagazo y otros residuos sólidos. Y si se utilizan las tecnologías de ciclo combinado -piénsese en la aplicada en la fábrica ENERGAS de Varadero- el índice puede crecer una decena de veces.

La caña puede producir tantas riquezas como el hombre sea capaz de extraerle. Es comparable con el petróleo, uno de los productos más diversificados del mundo a pesar de estar entre las materias primas más rentables del planeta, habida cuenta su costo de producción y sus precios de venta. O sea, todo lo contrario del azúcar. La situación debe ser variada. Quizá no llegue a tanto, pero puede acercarse.

Es un cambio que en Cuba se comenzó a fraguar en las últimas décadas. El país debe haber invertido cientos de millones de pesos en la infraestructura y la formación científica para rebasar el simple marco de la elemental producción de azúcar crudo y refino. Y ya es hora de que se explaye.

El nuevo valor que se busca introducir al sector azucarero no solo incluye lo tangible -una gran variedad de mercancías como tal-, sino también lo abstracto. Alegra que no pasen por alto que en el mundo de hoy el conocimiento se erija como el principal recurso. Y que tanto como el objeto en sí, pesa el costo de diseño, la presentación, la innovación tecnológica...

Los paquetes tecnológicos para una agroindustria azucarera diversificada existen. La voluntad gubernamental, también. Pero no hay que llamarse a engaño, va a pesar mucho lo que se haga en la base. Los ejecutivos en los niveles medios y bajos deberán "abrir muy bien las entendederas".

Por mucho que se pueda dictar desde arriba, cada lugar es único. Quizá en ellos haya una -otra- posibilidad inexplorada. Habrá que descubrirla. Para encontrarla hace falta mucha autonomía empresarial y el pleno protagonismo de los trabajadores. En la experiencia que suman todos ellos, está la mayor de las sabidurías... y de la diversidad.

 

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